martes, 28 de diciembre de 2010

Nos refugiamos bajo el amparo de María Nuestra Madre del cielo


Papá del cielo, cuántos disgustos te causamos; cuánta agonía sufre tu Corazón y cuánta desolación al vernos tan distantes y ensimismados.
Señor, te suplicamos nos hagas reconstruir nuestras falencias para que se transformen en gratitud y gozo para tu Corazón, para que nos libres del oprobio y del desgarro que envuelve al mundo; para que nos libres de esa bruma que entorpece nuestro camino hacia tu Corazón.
Cuídanos, Padre Bueno.
Bajo tu amparo y el de María Nuestra Madre del cielo nos refugiamos y bajo los rayos misericordiosos que emanan de tu glorioso corazón. Amén.

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