martes, 29 de octubre de 2019
Nuestra Señora de la Eucaristía y su don para nosotros
jueves, 24 de octubre de 2013
Novena a Nuestra Señora de la Eucaristía (VI)
lunes, 21 de octubre de 2013
Novena a Nuestra Señora de la Eucaristía (I)
Intención para el Día 1 de la Novena:
Nuestra Señora de la Eucaristía, concédenos la gracia de comprender que el Niño que llevas en tus brazos, es el mismo que nos entregas, en Persona, en la Eucaristía, y que las uvas que tu Hijo nos ofrece, son la figura de su Sangre que, incruentamente, se vierte cada vez en el cáliz, en la Santa Misa.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Novena a Nuestra Señora de la Eucaristía 8
miércoles, 29 de agosto de 2012
Novena a Nuestra Señora de la Eucaristía 2
En la imagen, la Virgen sostiene al Niño con una mano, mientras que con la otra lo señala, además de ayudar al Niño a sostener el racimo de uvas. Con este gesto, la Virgen nos indica dos cosas: que el Niño viene a nosotros a través suyo, y que las uvas que el Niño trae, son para nosotros.
Intención para el Día 2 de la Novena: Nuestra Señora de la Eucaristía, que nos brindas a tu Niño Jesús, haz que el don de su Sangre, representado en las uvas, encienda en nuestros corazones el fuego del Amor divino. Amén.
martes, 28 de agosto de 2012
Novena a Nuestra Señora de la Eucaristía 1
Intención para el Día 1 de la Novena: Nuestra Señora de la Eucaristía, concédenos la gracia de ver en Ti a la Mujer del Génesis, de la Pasión y del Apocalipsis, que aplasta la cabeza de la Serpiente Antigua con el peso del poder de Dios. Amén.
jueves, 14 de abril de 2011
Jesús es crucificado

Mira con qué crueldad Me rodean estos hombres endurecidos. Unos tiran de
Miren, hijos queridos, cuánta es la vergüenza y la confusión que padezco al verme así, ante aquella inmensa muchedumbre. ¡Qué dolor para Mi alma!
Los verdugos que arrancan la túnica, que con tanto esmero Me revistió Mi Madre en Mi infancia y que había ido creciendo a medida que Yo crecía, la echan a suertes. ¿Cuál sería la aflicción de Mi Madre, que contempla esta escena? ¡Cuánto hubiera deseado Ella quedarse con la túnica teñida y empapada ahora con Mi Sangre!
Pero ha llegado la hora y, tendiéndome sobre
Todo Mi Cuerpo se quebranta, se balancea de un lado a otro y las espinas de la corona penetran en Mi cabeza, más profundamente aún. Oigan el primer martillazo que clava Mi mano derecha... resuena hasta las profundidades de la tierra. Oigan aún... ya clavan Mi mano izquierda y, ante semejante espectáculo, los Cielos se estremecen, los Ángeles se postran. Yo guardo el más profundo silencio. Ni una queja, ni un gemido se escapan de Mis labios, pero Mis lágrimas se mezclan con la sangre que cubre Mi rostro.
Luego que han clavado las manos, tiran cruelmente de los pies... Las llagas se abren, los nervios se desgarran en Mis manos y brazos... los huesos se descoyuntan... ¡El dolor es intenso! ¡Mis pies son traspasados y Mi Sangre baña la tierra!… Contemplen un instante estas manos y estos pies ensangrentados... Este cuerpo desnudo, cubierto de heridas, de orines y de sangre. Sucio... Esta cabeza traspasada por agudas espinas, empapada de sudor, llena de polvo y cubierta de sangre...
Admiren el silencio, la paciencia y la conformidad con que acepto este sufrimiento. ¿Quién es el que sufre así, víctima de tales ignominias? ¡Es el Hijo de Dios! El que Ha hecho los cielos, la tierra, el mar y todo lo que existe... El que Ha creado al hombre, el que todo lo sostiene con Su poder infinito... está ahí inmóvil, despreciado, despojado y seguido por multitud de almas que abandonarán bienes de fortuna, familia, patria, honores, bienestar, gloria, cuanto sea necesario, para darle gloria y demostrarle el amor que les son debidos...
Estén atentos, Angeles del Cielo y, ustedes también, almas que Me aman...
Los soldados van a dar vuelta
A petición de Mi Madre, que contemplando todo lo que pasaba y siéndole a Ella imposible darme alivio, implora
Legiones de Angeles bajan a sostener Mi Cuerpo, adorándolo, para que no roce la tierra y para evitar que lo aplaste el peso de
Si me amas de veras ¿a qué no estarás dispuesto para asemejarte a Mí? ¿Qué rehusarás para obedecerme, complacerme y consolarme?... Póstrate en tierra y deja que te diga unas palabras:
¡Que Mi Voluntad triunfe en ti!
¡Que Mi amor te destruya!
¡Que tu miseria Me glorifique!
Jesús camino de la cruz

Vamos a continuar, hijita. Sígueme en el camino del Calvario, agobiado bajo el peso de
En tanto que Mi Corazón estaba abismado de tristeza por la eterna perdición de Judas, los crueles verdugos, insensibles a Mi dolor, cargaron sobre Mis hombros llagados, la dura y pesada Cruz en que había de consumar el misterio de
Contémplenme, ángeles del cielo. Vean al Creador de todas las maravillas, al Dios a Quien rinden adoración los espíritus celestiales, caminando hacia el Calvario y llevando sobre sus hombros el leño santo y bendito que va a recibir su último suspiro.
Véanme también ustedes, almas que desean ser Mis fieles imitadoras. Mi Cuerpo, destrozado por tanto tormento camina, sin fuerzas, bañado de sudor y de sangre...
¡Sufro, sin que nadie se compadezca de Mi dolor! La multitud Me acompaña y no hay una sola persona que tenga piedad de Mí. Todos Me rodean como lobos hambrientos, deseosos de devorar su presa... Es que todos los demonios salieron del infierno para hacer más duro Mi sufrimiento.
La fatiga que siento es tan grande,
Mi Padre envía ángeles para que Me ayuden a sostenerme; para que Mi Cuerpo no pierda el conocimiento al desplomarse; para que la batalla no sea ganada antes de tiempo, y pierda Yo a todas Mis almas.
Camino sobre las piedras que destrozan Mis pies, tropiezo y caigo una y otra vez. Miro a cada lado del camino en busca de una pequeña mirada de amor, de una entrega, de una unión a Mi dolor pero... no veo a ninguno.
Hijos Míos, los que siguen Mis huellas, no suelten su cruz por más pesada que ésta les parezca. Háganlo por Mí, que cargando su cruz, Me ayudarán a cargar
Sigan Conmigo unos momentos y, a los pocos pasos, Me verán en presencia de Mi Madre Santísima que, con el Corazón traspasado por el dolor, sale a Mi encuentro para dos fines: para cobrar nueva fuerza de sufrir a la vista de Su Dios y para dar a Su Hijo, con Su actitud heroica, aliento para continuar la obra de
Lo que más ama Mi Madre es Su Hijo...
No puede darme ningún alivio y sabe que su vista aumentará aún más Mis sufrimientos; pero también aumentará Mi fuerza para cumplir la voluntad del Padre.
Jesús es coronado de espinas

En el Querer de Mi Padre He vivido días de intensa tristeza, sin quejarme, pero en la aceptación de lo que quería hacerme sentir el Padre.
Cuando fui apresado en el Huerto, los que Me acusaban estaban prontos a toda mentira y Me dejé llevar a donde quisieran, sin resistir en lo más mínimo. Y cuando quisieron ceñirme la cabeza con la corona de espinas, incliné sin más la cabeza, porque lo tomaba todo de las manos de Aquel que Me envió al mundo.
Cuando los brazos de aquellos hombres crueles estuvieron rendidos, a fuerza de descargar golpes sobre Mi Cuerpo, colocaron sobre Mi cabeza una corona tejida con ramas de espinas y, desfilando por delante de Mí, Me decían: ¿Conque eres Rey?... ¡Te saludamos!
Unos Me escupían, otros Me insultaban, otros descargaban nuevos golpes contra Mi cabeza; cada uno añadiendo un nuevo dolor a Mi Cuerpo, maltratado y deshecho. Estoy cansado, no tengo dónde descansar; préstame tu corazón y tus brazos, para cobijarme en tu amor. Tengo frío y fiebre; abrázame un instante, antes de que continúen destruyendo este templo de amor. Los soldados y verdugos, con sus manos sucias, empujan Mi Cuerpo; otros con asco de Mi Sangre, me empujan con sus lanzas y vuelven a abrir Mi carne; Me sientan con un empujón sobre un lugar de piedras filosas, lloro en silencio por el dolor y ellos, en forma grotesca, se burlan de Mis lágrimas. Finalmente, desgarran Mis sienes encajándome la corona de ramas trenzadas de espinas.
Consideren cómo, con esa corona, quise expiar los pecados de soberbia de tantas almas que se dejan subyugar por la falsa opinión del mundo, deseando ser estimadas con exceso. Permití, sobre todo, que Me coronasen de espinas y que así Mi cabeza sufriese cruelmente, a fin de reparar por la humildad voluntaria, las repugnancias y las orgullosas pretensiones de tantas almas que se niegan a seguir el camino trazado por Mi Providencia, por juzgarlo indigno de su mérito y de su condición.
Ningún camino es humillante cuando está trazado por
Hay en el mundo personas que, cuando llega el momento de la decisión (emprender un nuevo género de vida), reflexionan y examinan los deseos de su corazón. Tal vez encuentren, en aquel o en aquella a quien piensan unirse, los fundamentos sólidos para una vida cristiana y piadosa; quizás verán que cumplen sus deberes de familia que reúne, en fin, lo necesario para satisfacer sus deseos de felicidad; pero la vanidad y el orgullo vienen a oscurecer su espíritu y se dejan arrastrar por el afán de figurar, de lucir.
Entonces, se ingenian para buscar a alguien que, siendo más noble, más rico, satisfaga su ambición. ¡Ah! Cuán neciamente se ciegan. No, les diré, no encontrarán la verdadera felicidad en este mundo, y ojalá la encuentren en el otro. ¡Miren bien, que se ponen en gran peligro!
Hablaré también a las almas a quienes llamó el camino de la perfección. Cuántas ilusiones en las que Me dicen que están dispuestas a hacer Mi Voluntad y que clavan en Mi cabeza las espinas de Mi corona.
Hay, respectivamente, almas a quienes quiero para Mí. Conociéndolas y amándolas, deseo colocarlas donde vivo, en Mi sabiduría infinita, en la que encontrarán cuanto es necesario para llegar a la santidad: ahí será donde Me haré conocer a ellas y donde Me darán más consuelo, más amor y más almas.
Pero, ¡cuántas decepciones! Cuántas almas se ciegan por el orgullo y la soberbia o por una mezquina ambición. Llena la cabeza de vanos e inútiles pensamientos, se niegan a seguir el camino que les traza Mi amor.
Almas que Yo había elegido, ¿creen cumplir Mi Voluntad resis-tiendo a la voz de la gracia que los llama y encamina por esa senda, que su orgullo rechaza?
Hija Mía, amor de Mis dolores, consuélame; haz en tu corazón pequeñito un trono para tu Rey y Salvador, y coróname de besos.
Coronado de espinas y cubierto con un manto púrpura, los soldados Me presentaron de nuevo a Pilatos. No encontrando en Mí delito para castigarme, Pilatos Me hizo varias preguntas, diciéndome que por qué no le contestaba, sabiendo que él tenía todo poder sobre Mí.
Entonces, rompiendo Mi silencio, le dije: “No tendrías ese poder si no se te hubiese dado de arriba; pero es preciso que se cumplan las Escrituras.”
Y, abandonándome a Mi Padre Celestial, callé nuevamente...
Jesús ora en el Huerto

Nadie cree en verdad que sudé sangre aquella noche en Getsemaní y pocos creen que sufrí mucho más en esas horas que en la crucifixión. Fue más dolorosa, porque Me fue manifestado claramente que los pecados de todos eran hechos Míos y Yo debía responder por cada uno. Así Yo, inocente, respondí al Padre como si fuese verdaderamente culpable de deshonestidad.
Yo, puro, res-pondí al Padre como si estuviese manchado de todas las impurezas que han hecho ustedes, mis hermanos, deshonrando a Dios, que los creó para que sean instrumentos de la grandeza de la creación y no para desviar la naturaleza concedida a ustedes, con el fin de llevarla gradualmente a sostener la visión de la pureza en Mí, su Creador.
Por lo tanto, fui hecho ladrón, asesino, adúltero, mentiroso, sacrílego, blasfemo, calumniador y rebelde al Padre, a quien He amado siempre.En esto, precisamente, consistió Mi sudor de sangre: en el contraste entre Mi amor por el Padre y Su Voluntad. Pero obedecí hasta el fin y, por amor a todos, Me cubrí de la mancha con tal de hacer el Querer de Mi Padre y salvarlos de la perdición eterna.Considera cuántas agonías más que mortales tuve aquella noche y, créeme, nadie podía aliviarme en tales congojas, porque más bien veía cómo cada uno de ustedes se dedicó a hacerme cruel la muerte que se Me daba en cada instante por las ofensas cuyo rescate He pagado por entero. Quiero que se conozca una vez más cómo amé a todos los hombres en aquella hora de abandono y de tristeza sin nombre...
Es tiempo de trabajar, no Me pidas nada porque hay alguien que piensa en tí.Quiero decir a Mis almas la amargura, el tremendo dolor que llenaba Mi Corazón esa noche. Si bien era grande Mi alegría de hacerme compañero de los hombres hasta el fin de los siglos y Alimento divino de las almas, y veía cuántas Me rendirían homenaje de adoración, de amor, de reparación, no fué poca la tristeza que Me ocasionó el contemplar a todas aquellas almas que habrían de abandonarme en el Sagrario y cuántas dudarían de Mi presencia en
¡Cuántas noches largas! ¡Cuántos hombres rechazarían los amorosos llamados que les dirigiría!Por amor a las almas, permanezco prisionero en
Moro en medio de los pecadores para ser su salvación y su vida, su médico y su medicina; y ellos, en cambio, pese a su naturaleza enferma se alejan de Mi, Me ultrajan y Me desprecian.¡Hijos Míos, pobres pecadores! No se alejen de Mí, los espero noche y día en el Sagrario. No voy a reprochar sus crímenes. No voy a echarles en cara sus pecados. Lo que haré será lavarlos con
Y ustedes, almas queridas, ¿por qué están frías e indiferentes a Mi amor? Sé que tienen que atender las necesidades de su familia, de su casa y del mundo que los solicita sin cesar. Pero, ¿no tendrán un momento para venir a darme prueba de su amor y de su gratitud? No se dejen llevar de tantas preocupaciones inútiles y reserven un momento para venir a visitar al Prisionero del amor.
Si su cuerpo está enfermo, ¿no pueden encontrar unos minutos para buscar al Médico que debe curarlos? Vengan a quien puede devolverles las fuerzas y la salud del alma... Den una limosna de amor a este Mendigo divino que los llama, los desea y los espera.
Estas palabras producirán en las almas el efecto de una gran realidad. Penetrarán en las familias, en las escuelas, en las casas religiosas, en los hospitales, en las prisiones, y muchas almas se rendirán a Mi amor.
Los más grandes dolores Me vienen de las almas sacerdotales y religiosas.
En el instante de instituir
¡Si supieran, almas amadísimas, cuán fácil el consolar, ocultar y descansar a todo un Dios!
Este Dios que los ama con amor infinito, después de librarlos de la esclavitud del pecado, ha sembrado en ustedes la gracia incomparable de la vocación religiosa, los ha traído de un modo misterioso al jardín de sus delicias. Este Dios, Redentor suyo, se ha hecho su Esposo. Él mismo los alimenta con Su Cuerpo purísimo y con Su Sangre apaga su sed. En Mí encontrarán el descanso y la felicidad.
¡Ay, hijita! ¿Porqué tantas almas, después de haberlas colmado de bienes y de caricias, han de ser motivo de tristeza para Mi Corazón? ¿No Soy siempre el mismo? ¿Acaso He cambiado para ustedes?... ¡No! Yo no cambiaré jamás y, hasta el fin de los siglos, los amaré con predilección y con ternura.
Sé que están llenos de miserias, pero esto no me hará apartar de ustedes Mis miradas más tiernas y con ansia los estoy esperando, no sólo para aliviar sus miserias, sino también para colmarlos de Mis beneficios.
Si les pido amor, no Me lo nieguen; es muy fácil amar al que es el Amor mismo. Si les pido algo caro a su naturaleza, les doy juntamente la gracia y la fuerza necesaria para que sean Mi consuelo.
Déjenme entrar en sus almas y, si no encuentran en ellas nada que sea digno de Mi, díganme con humildad y confianza: “Señor, ya ves los frutos que produce este árbol, ven y dime qué debo hacer para que, a partir de hoy, broten los frutos que Tú deseas”.
Si el alma Me dice ésto con verdadero deseo de probarme su amor, le responderé: Alma querida, deja que Yo mismo cultive tu amor...¿Sabes los frutos que obtendrás? La victoria sobre tu carácter reparará ofensas, expiará faltas. Si no te turbas al recibir una corrección y la aceptas con gozo, obtendrás que las almas cegadas por el orgullo se humillen y pidan perdón.
Esto es lo que haré en tu alma si Me dejas trabajar libremente. No florecerá en seguida el jardín, sino que darás gran consuelo a Mi Corazón...
De Mi Pasión quiero que consideres, sobre todo, la amargura que me causó el conocer los pecados que, oscureciendo la mente del hombre, lo llevan a las aberraciones. Estos pecados se admiten, la mayoría de las veces, como fruto de una natural conveniencia a la cual se dice, no puede oponerse la propia voluntad.
Hoy, muchos viven con graves pecados culpando a otros o al destino, sin posibilidad de salir de ellos. Esto ví en Getsemaní y conocí el gran mal que absorbería Mi Alma.
¡Cuantos se pierden así y cómo sufrí por ellos! Aún hoy, cuánto sufre Mi Corazón; y queriendo hallar alivio en Mis almas, Voy a ellas y las encuentro dormidas. Más de una vez, cuando quise despertarlas y sacarlas de sí mismas, de sus preocupaciones, Me contestan —si no con palabras, con obras: “ahora no puedo, estoy demasiado cansada, tengo mucho que hacer, ésto me perjudica la salud, necesito un poco de tiempo, quiero algo de paz.”
Insisto y digo suavemente a esa alma: No temas; si dejas por Mí ese descanso, Yo te recompensaré. Ven a orar Conmigo, ¡tan sólo una hora! ¡Mira, que en este momento es cuando te necesito! ¿Si te detienes, ¿ya se te hará tarde? ¡Cuántas veces oigo la misma respuesta! Pobre alma, no has podido velar una hora Conmigo.
Dentro de poco vendré y no Me oirás, porque estás dormida... Querré darte
A muchas almas las ha sorprendido la muerte en medio de un profundo sueño y, ¿dónde y cómo han despertado?
Almas queridas, deseo enseñarles también cuan inútil y vano es querer buscar alivio en las criaturas.
¡Cuántas veces están dormidas y, en vez de encontrar el alivio que voy a buscar en ellas, salgo con amargura porque no correponden a Nuestros deseos ni a Nuestro amor.
Cuando oré a Mi Padre y pedí ayuda, Mi alma triste y desamparada padecía angustias de muerte. Me sentí agobiado con el peso de las más negras ingratitudes.
