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martes, 22 de octubre de 2013

Novena a Nuestra Señora de la Eucaristía (II)


         Meditación
         Nuestra Señora de la Eucaristía, la Mujer del Génesis y del Apocalipsis
Vista con ojos humanos, la imagen de Nuestra Señora de la Eucaristía nos muestra a una joven mujer que lleva en sus brazos a un niño, su hijo. Está vestida a la usanza antigua, con un vestido ceñido a la cintura y un gran manto de color verde que desde su hombro cubre casi todo su cuerpo. El niño, cuya edad es de unos tres años, está vestido solo con un manto blanco de lino y su pequeño cuerpo es sostenido por los frágiles brazos de su madre. Con toda seguridad, madre e hijo vienen de la vid, a juzgar por las uvas que traen entre ambos, y se dirigen a un lugar fresco y reposado de la casa, para disfrutar del racimo de uvas entre ambos. Vista con ojos humanos, parece una doncella de la Antigüedad con su hijo en brazos, retratados en un momento de la vida cotidiana de esos tiempos.
Sin embargo, no podemos ver a Nuestra Señora de la Eucaristía con ojos humanos, porque es una imagen que viene del cielo y por lo tanto, solo podemos verla con los ojos de la Fe; de lo contrario, corremos el riesgo de perder de vista el significado sobrenatural y celestial de la devoción.
Lo que la fe nos dice es que la joven doncella es la Virgen, la Madre de Dios (cfr. Is 7, 14), la Mujer que en el Génesis aplasta la cabeza de la Serpiente Antigua (cfr. Gn 3, 15); es la Mujer por cuya intercesión el Hijo de Dios comienza en Caná de Galilea a obrar públicamente prodigios asombrosos entre los hombres, el primero de todos, la conversión del agua en vino (cfr. Jn 2, 1-11); es la Mujer que acompaña en su Agonía redentora al Hombre-Dios, “al pie de la Cruz” (Jn 19, 25) y que al pie de la Cruz se convierte en Madre celestial de todos los hombres (cfr. Jn 19, 27); la fe nos dice que esta doncella es la Mujer que en el Apocalipsis aparece en el cielo, como una gran señal, “toda revestida de sol” (12, 1), porque el sol es símbolo de la gracia divina y Nuestra Señora de la Eucaristía es la Virgen Inmaculada, la Llena de gracia, Tabernáculo Purísimo de la Gracia Increada.
La fe nos dice que los femeninos y maternales brazos de esta Mujer, en apariencia frágiles y delgados, son los más fuertes del mundo, porque sostienen a un Niño que es Dios encarnado, Jesucristo.
La fe nos dice que el Niño que lleva la Virgen es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Dios Hijo, que procede del seno del Padre desde la eternidad, que se encarnó en el seno purísimo de María para donar su Cuerpo como Pan de Vida eterna y que prolonga su Encarnación y Don de sí mismo en la Eucaristía, en la Santa Misa.
Vista con los ojos de la fe, la imagen de Nuestra Señora de la Eucaristía supera todo lo que podemos pensar o imaginar, porque es la Mujer del Génesis, de Caná, de la Pasión, del Apocalipsis, que en la Santa Misa nos dona a su Hijo, que es El que vence a la Serpiente, que es El que convierte el vino en su Sangre, que es Quien abre sus brazos en la Cruz del altar, que es el Cordero Inmaculado que entrega su Cuerpo en la Eucaristía para nuestra salvación.
Por el insondable misterio que encierra, no podemos ver a Nuestra Señora de la Eucaristía con ojos humanos, sino con los ojos de la fe.
Intención para el Día 2 de la Novena:

Nuestra Señora de la Eucaristía, intercede por nosotros para que veamos en Ti a la Madre de Dios y en tu Hijo a Nuestro Salvador Jesucristo, que nos ofrece en cada Eucaristía su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Amén.

martes, 28 de agosto de 2012

Novena a Nuestra Señora de la Eucaristía 1



      La Virgen de la Eucaristía, la Mujer del Génesis, de la Pasión y del Apocalipsis
      Vista con ojos humanos, la imagen de la Virgen de la Eucaristía, en la que la Virgen sostiene con una mano al Niño Dios, mientras que con la otra nos lo señala, parece mostrar sólo a una madre con su hijo, a quien lleva en brazos, orgullosa de él, mientras éste ofrece y convida a quien se le acerca de su ramo de uvas.
         Sin embargo, no se trata de una imagen más entre tantas; no se trata solamente de una madre sosteniendo orgullosa a su hijo pequeño. Se trata del misterio de la Mujer del Génesis, que aplasta la cabeza de la Serpiente Antigua, el demonio (cfr. Gn 3, 15); se trata de la Mujer de las bodas de Caná (cfr. Jn 2, 1ss), llamada Omnipotencia Suplicante, ante cuyo pedido el Amor de Dios se derrama incontenible sobre los hombres, como lo demuestra la conversión del agua en vino por parte del Hijo de Dios, aun cuando no había llegado decretada por el Padre; se trata de la Mujer del Apocalipsis, “toda vestida de sol, con la luna a sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza” (Ap 12, 1), símbolos de la plenitud de gracia con que Dios la creó, como Inmaculada Concepción; es la Mujer que huye al desierto con alas de águila, poniendo a su Hijo a salvo del Dragón rojo, que inyecta a los hombres el veneno de la rebelión contra Dios; se trata de la Mujer al pie de la Cruz , convertida por designio divino en Madre de Dios en la Encarnación (Lc 1, 26-27) y en Madre de los hombres en el Calvario (Jn 19, 26-27).
         No es una madre más; es la Madre de Dios, que sostiene a su Dios y Creador en sus brazos, y así demuestra la razón por la cual el infierno todo tiembla y aúlla de terror con sólo escuchar su nombre, pues su poder, que lo tiene participado del mismo Dios, no sólo le permite aplastar la cabeza del Príncipe de las tinieblas (cfr. Gn 3, 15), sino llevar en brazos al mismo Dios.
         No se trata de una madre más, y tampoco el niño es un niño más entre tantos. El Niño, que esta Madre porta en sus brazos, es Dios hecho Niño sin dejar de ser Dios, que elige la edad de la niñez para manifestársenos, porque Él, que como Dios es la fuente increada de la Inocencia y de la Pureza, tiene un corazón de niño.
         Y la Madre y el Niño nos ofrecen uvas, uvas con las que se hará el vino, vino que se convertirá en la Sangre del Niño Dios, Sangre que se derramará en la Cruz del Calvario y será recogida en el cáliz del altar, para ser dada a los hombres como bebida de salvación.
         La imagen de Nuestra Señora de la Eucaristía parece una imagen más entre otras, pero encierra un misterio insondable.
         Intención para el Día 1 de la Novena: Nuestra Señora de la Eucaristía, concédenos la gracia de ver en Ti a la Mujer del Génesis, de la Pasión y del Apocalipsis, que aplasta la cabeza de la Serpiente Antigua con el peso del poder de Dios. Amén.