
martes, 7 de junio de 2011
Abrid más vuestro corazón a los necesitados de Mi Verdad, de Mi Bondad y Misericordia

lunes, 6 de junio de 2011
La Eucaristía es el alimento para el espíritu

sábado, 7 de mayo de 2011
El dolor no los aleja de Mí, los une con más fuerza

Benditos los que dejan huellas de verdadero Amor en la tierra

martes, 3 de mayo de 2011
Sentid en el corazón Mi Presencia y la de vuestra Madre

miércoles, 20 de abril de 2011
LA SAGRADA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

JESÚS COMPARTE SUS ÚLTIMOS DOLORES CON LUZ DE MARÍA,
SU PROFETA Y SU ALMA VÍCTIMA.
INTRODUCCIÓN
Por misericordia infinita, mi Divino Esposo Jesús se ha dignado manifestar Su Pasión en mi débil cuerpo, para permitirme compartir con Él los sufrimientos de Su Dolorosa Pasión.
Sea todo para la “mayor gloria de Dios y salvación de las almas”. Amén.
RELATO
A continuación, relato lo que Nuestro Señor Jesucristo me ha permitido vivir el día de ayer, específicamente las “TRES HORAS DE AGONÍA EN LA CRUZ”.
Él me comparte Su Sagrada Pasión. Y ayer viví y sentí los dolores que Mi amado Señor Jesucristo vivió en los momentos últimos de Su Crucifixión.
En la Cruz, el Rey de todo lo creado permaneció rodeado de los Ángeles que no se separaron de Él ni un instante. Ellos acompañaron a Su Rey, con sumo recogimiento, veneración y dolor.
Ante esta escena final, todo lo creado por la Mano del Padre, se estremece.
Mi Amado está Coronado de Espinas, las cuales rozan la Cruz y se hunden en Su Sacratísima Cabeza en la parte posterior. El dolor de cada instante va siendo aumentado por nuevos sufrimientos a los que es sometido.
Él sufre las consecuencias de la soberbia humana en Su propio Cuerpo, mientras Su Espíritu se manifiesta en Amor infinito por nosotros. Así Él se entrega todo a la humanidad y ofrece Su Sagrada Pasión por los pecados de todas las generaciones.
Compartiéndome Nuestro Señor Su dolor, por cada espina que se hunde más fuertemente en Su Divina Cabeza, ofrece también estos dolores por los malos pensamientos de los hombres, por las malas acciones, por la inteligencia mal utilizada, por las mentes que perversamente atentan contra el don de la vida, por el rencor, por la impaciencia y demás actos de ingratitud.
Siento desgarrarse mis manos por el peso del cuerpo que es atraído hacia abajo por ley natural y hace que mis manos unidas, unidas a las de mi Jesús, duelan atrozmente.
Pero más que el dolor causado por los clavos, vivo en mí el dolor que mi Amado siente en Sus Entrañas, es un dolor que supera todo lo físico. Un dolor de Amor Sublime: el dolor del Rey que es crucificado constantemente por los malos actos que Sus hijos cometen con las manos. El agobio de tantas horas hace que mis dedos se adormezcan y siento el frío que les invade cuando ya la sangre no circula. Los dedos amoratados toman vida de un momento a otro, cuando las criaturas humanas reparan por los daños cometidos con las manos. En este momento, Jesús mira todas las consagraciones realizadas por rutina, o sin fe, y se duele y las repara no sólo por esto, sino por los homicidios, por los robos, por los pecados de la carne, por los abortos y demás pecados que son cometidos con las manos.
No puedo dejar desapercibida mi garganta, que es llevada a compartir esa amargura que llega hasta ella al ascender los jugos gástricos que queman continuamente y con ellos la sangre sube y casi me causa asfixia; la respiración se corta y en cuanto respiro, el ahogo llega continuamente, las náuseas no se hacen esperar y en el afán de no dejar de respirar, al inhalar con fuerza, los líquidos entran a los pulmones con rapidez. La respiración se corta y se dificulta más. Y Jesús Divino me alienta a reparar, a no dejar que este ahogo pueda más que Su Amor por la humanidad. Y yo junto a Mi Jesús, reparo por toda palabra salida de la boca del hombre, por cada difamación, por cada calumnia, por cada desamor, por cada murmuración, por cada mala palabra proferida con placer y conciencia, y por todo aquello que no es palabra de bendición.
Sin dejarse vencer ante este grado supremo de dolor, Mi Jesús me alienta a permanecer con Él en el Madero Santo, y soportar con amor los dolores que se agudizan con mayor intensidad. Los espasmos en el aparato digestivo son continuos. El Divino Cuerpo ha sido golpeado constantemente, desde la noche en que fue apresado hasta este momento en la Cruz. El sangrado interno que había sido provocado por los golpes y las heridas de la flagelación, se ha derramado en el camino. No hay carne sobre los huesos, y miro a los Ángeles recogiendo en unos cálices esa Sangre Divina, fruto de Redención para todo el género humano.
La garganta está ya tan seca, que la saliva y los jugos gástricos dejan de salir y la hiel deja ese amargo sabor en la boca. ¡TENGO SED!, exclama Jesús… y le dan vinagre; y en este vinagre mira a esta generación en especial, esta generación que le ha dado y le está dando amarga hiel.
Las piernas me tiemblan, y nuestro Amado Jesús al ofrecer y reparar por la humanidad, se apoya sobre los Pies heridos y traspasados por el enorme clavo que parece convertirse en pesada cadena que no deja a la humanidad dar pasos hacia la vida eterna, sino que la mantiene sujeta al pecado. Los tendones llagados saltan y los músculos asoman en las piernas. Y miro como la furia del hombre no ha dejado piel sobre el Cuerpo del Rey. Con saña los verdugos han descargado sobre el Cordero Divino todo el odio de la humanidad, es un Cuerpo totalmente sangrante, impresionante, un Cuerpo Santísimo que no se mira a Sí mismo, y que con todo el Amor Infinito va a ofrecer hasta la última gota de Su Preciosísima Sangre para lavar el pecado de la humanidad a la que ama, ama…
En este momento no siento las piernas. Jesús me lleva a reparar los pasos enlodados por el fango de la maldad del género humano. Las piernas me tiemblan al sentir los pasos agigantados de la humanidad que corre movida por la maldad que intenta arrebatarle el alma. Tiemblan, al mirar a la humanidad correr tras falsos dioses que acarrean la guerra, la incertidumbre, la lujuria. Tiemblo ante una humanidad que despoja a Jesús de Su Reino y le desconoce. Es tanto el amor por Sus creaturas, que Jesús se ofrece por ellas y elevando Su mismo Corazón, dirige a Su Padre las palabras que contienen toda Su esencia: ¡“PADRE, PERDÓNALES PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”!
Estas palabras colmadas del mismo Germen de Amor Divino, estremecen a toda la Creación, y ésta enmudece al mirar la crueldad de Sus enemigos que como una lanza atraviesa el Costado del Rey y Señor de todo lo creado. Herida que en este instante se abre más profundamente con los actos cometidos en contra de la santidad del ministerio Sacerdotal, herida que en este presente lacera al Cuerpo Místico, herida de desamor de las personas consagradas que mundanizan este ministerio y lo profanan sin temor.
Ya mi cuerpo es sostenido sólo por el Amor, por el Amor, y con esto mi Señor Jesucristo me dice: ¡Hija, mira cuánto logra Mi Amor! Una gota, un suspiro de Mi Amor da vida. Y aquí lo coloco ante el hombre. ¡TÓMALO, TÓMALO HUMANIDAD, TÓMALO, BEBE MI AMOR!
La mirada nublada, y mi cuerpo unido al de Jesús se siente deshidratar totalmente. Miro una llaga de amor supremo pendiendo del Madero Santo. Ya mi Divino Jesús se dispone a exhalar Su Espíritu, los Ángeles todos lloran ante esta escena imposible de describir con palabras humanas, y exclaman: ¡Qué te han hecho, Rey, qué te han hecho los que Tú amas!... Doblando rodillas al pie de la Cruz de gloria y majestad, miran el Divino Cuerpo tembloroso.
Los Divinos Labios se han ocultado ante un Rostro que, aunque inflamado, no puede ocultar tan infinita belleza, tan infinito amor y… miro esos Divinos Ojos que en este momento miran a la Madre y a Su discípulo amado, y en este discípulo miran a todas las almas fieles que ofrecen su vida por amor a Él, a Su Madre y al prójimo.
Se fusiona al Madero Santo y eleva Su mirada al Cielo y en secreto le habla a Su Padre:
“Aquí yace Tu Amor por el hombre, aquí Me entrego por cada uno de ellos, aquí en este Madero pende Tu Hijo. ¡Padre! Por amor acepta Mi reparación por cada uno de ellos, en todos los tiempos. ¡Padre! Perdona a Tu Pueblo y dale la salvación. Aquí nace Mi Misericordia, en este Madero salvo a cada pecador arrepentido. No habrá criatura humana verdaderamente arrepentida que Mi Misericordia no alcance. Aquí yace, Padre, Tu Amor por Tus hijos, aquí, en Tu Hijo”.
Y con profundos dolores, atroces dolores, infinitos dolores, Nuestro Jesús rescata a aquellas almas que en el último suspiro de vida, Él las arrebata de las manos del maligno.
Miro, siento, toda la Creación enmudecer. El silencio es verdadero silencio, ni un cabello cae, todo guarda silencio.
El Hijo de Dios y Salvador de la humanidad se estremece en todo Su Cuerpo y desde las entrañas de Su Ser, los rayos de luz misericordiosa alcanzan a todos los seres humanos… y Jesús exhala Su Espíritu.
La tierra gime y se estremece, el agua se agita, el viento sopla con fuerza, la naturaleza grita.
El infierno teme ante el triunfo del Amor Divino.
El sol se oscurece, las estrellas se apagan, la luna se oscurece, rindiendo honores al Rey que ha vencido.
Este es mi vivir de los momentos últimos de Mi Amado Jesús en la Cruz.
Postrada ante mi buen Jesús Crucificado, y unida a toda la humanidad, le digo con todo mi amor:
“TE ADORAMOS OH CRISTO Y TE BENDECIMOS
PORQUE POR TU SANTA CRUZ Y MUERTE, REDIMISTE AL MUNDO”.
TESTIMONIO DE LUZ DE MARÍA
14 DE ABRIL DEL 2011
jueves, 14 de abril de 2011
Jesús pronuncia sus últimas palabras

Hija Mía, has oído y has visto Mis sufrimientos, acompáñame hasta el fin y comparte Mi dolor.Ya está enarbolada Mi Cruz.
¡He aquí la hora de
Soy el espectáculo de burlas para la muchedumbre... pero también de admiración y de amor por las almas.
Esta Cruz, hasta ahora instrumento de suplicio, donde expiraban los criminales va a ser, en adelante, la luz y la paz del mundo. En Mis Sagradas Escrituras encontrarán los pecadores el perdón y la vida.
¡Mi Sangre lavará y borrará las manchas de sus pecados! ¡En Mis Sagradas Llagas vendrán las almas puras, a refrigerarse y abrasarse en Mi amor! En ellas se refugiarán y fijarán para siempre su morada.
Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen, no han conocido al que es su vida... Han descargado sobre él todo el furor de sus iniquidades. Mas Yo te lo ruego, ¡oh, Padre Mío!, descarga sobre ellas la fuerza de Tu Misericordia.
Hoy estarás Conmigo en el Paraíso, porque tu fe en
Mujer, ¡He ahí a Tu Hijo!... Madre Mía, ¡he ahí a Mis hermanos! Guárdalos, ámalos... no están solos.
¡Oh!, ustedes, por quienes He dado Mi vida Tienen ahora una Madre a la que pueden recurrir en todas sus necesidades. Los He unido a todos con los más estrechos lazos al darles Mi propia Madre. El alma no tiene ya derecho a decir a su Dios: ¿Por qué Me Has abandonado? En efecto, después de consumado el misterio de
Oh, Padre Mío... Tengo sed de Tu Gloria... y he aquí que ha llegado la hora... En adelante, realizándose Mis palabras, el mundo conocerá que Tú eres el que Me enviaste y serás glorificado.Tengo sed de Tu Gloria. Tengo sed de almas... y para refrigerar esta sed, He derramado hasta la última gota de Mi Sangre.
Por eso puedo decir: Todo está consumado. Ahora se ha cumplido el gran misterio de Amor por el cual Dios entregó al mundo a Su propio Hijo, para devolver al hombre
Así las almas que cumplen Mi Voluntad podrán decir con verdad: “Todo está consumado…“ Señor Mío y Dios Mío, recibe Mi alma... la pongo en Tus amadas manos. Por las almas agonizantes ofrecí al Padre Mi muerte, y ellas tendrán
Deben saber que en memoria de aquel encuentro gozoso, Yo He decidido asistir, y muchas veces hasta visiblemente, a los moribundos. Otorgo a estos la salvación, para honrar a los que tan amorosamente Me acogieron en el Cielo.
Así, oren por estos moribundos porque Yo los amo mucho. Cuantas veces hagan el ofrecimiento del último grito que lancé al Padre serán escuchados; porque por él se Me conceden muchísimas almas.Fue un momento de gozo, cuando se presentó a Mí toda
Era José quién, más que ningún otro, entendía qué gloria había adquirido después de tan acerbas luchas. El condujo a todas las almas que esperaban por Mí; a él se le concedió ser el primer Embajador Mío en el Limbo.
Los Angeles, en cada orden, Me rindieron honor de modo que Mi Humanidad, ya resplandeciente, fue circundada de innumerables Santos que Me adoraban y exaltaban.Hijos Míos, no hay cruces gloriosas en la tierra, están todas envueltas en misterio, en tinieblas, en exasperación. En misterio, porque no la entienden; en tinieblas, porque ofuscan la mente, porque golpean justamente en lugares donde no se querrá ser golpeado.No se lamenten, no se retarden; les digo Yo, que llevé no solo